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Una vida ejemplar: Maestro Abreu: Huella indeleble

“No hay nada más sublime en la vida que dar, y cuanto más das, más recibes, y esa es la felicidad que uno tiene, con la que cuenta, y es mucha. Ahí reside el auténtico sentido, todo el sentido”, José Antonio Abreu

 

Hace más de cuatro décadas, comenzó a gestarse en la cabeza de un economista venido de Trujillo, apasionado de la música, un movimiento orquestal cuya primera semilla fue la Orquesta Nacional Juvenil que integraron 11 jóvenes. Hoy ese movimiento es conocido como el Sistema; esto es, la integración de variadas agrupaciones sinfónicas a través de las cuales es posible aplicar el concepto de arte al desarrollo ético y espiritual de una sociedad.

Ese hombre, persistente, tenaz, comprometido con aquello en lo que creía, capaz de moverse en las fluctuantes aguas de unos y otros gobiernos para defender la permanencia de su proyecto, es José Antonio Abreu, a quien en 1975 no le importó que en la sala de ensayo donde comenzó a sonar aquella oncena de púberes ejecutantes sobrara espacio.

Había que sembrar la semilla y él lo hizo. El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela es, en este ahora en el que ya no está el maestro Abreu, un eco que se escucha en todo el país y se extiende más allá de las fronteras locales para llevar a la humanidad el mismo mensaje: “La música y en general las artes son imprescindibles cuando se trata de garantizar la formación integral y humanística del estudiantado, de manera que el mundo de los valores, del sentimiento, de la sensibilidad sea también objeto de aprendizaje para todos. Es más, es importantísimo que se haga desde el preescolar, porque es el área de la educación donde se forman los valores más importantes. Allí la sensibilidad del niño debe ser cuidadosamente forjada y orientada a través de la educación artística”, decía el fundador del Sistema al también músico Luis Ernesto Gómez

Más de 700.000 niños y jóvenes venezolanos –muchos de ellos provenientes de hogares de bajos recursos y entornos empobrecidos– cuentan hoy con una herramienta de desarrollo personal inigualable: la música. Y es que para José Antonio Abreu, el músico, el gerente cultural, el político y hasta el economista, una partitura era y es la posibilidad de cambiar la existencia de quien la lee y transforma en sonoridad.

Así se lo explicó el maestro al periodista Jesús Ruiz Mantilla del diario El País de España: “Ya no sólo sirve la música al mero disfrute, sino que entra de lleno en la esfera de los valores. Ya no se atiene al efecto que pueda causar en la crítica especializada o en ciertos sectores de la élite, sino que busca abrirse a un público más amplio que se deje contagiar precisamente por los orígenes de quienes forman las orquestas: niños y jóvenes salidos de barrios marginales, con medios y bajos recursos, comprometidos con sus entornos y sus países y su identidad latinoamericana como prueba de una energía distinta”.

Venezuela, América toda, la vieja Europa y la lejana Asia han conocido, gracias al empuje de este hombre enjuto, de memoria prodigiosa y energía inagotable que fue José Antonio Abreu, el poder transformador de la música. “El Sistema es un proyecto social porque aspira a aplicar la música al desarrollo del hombre, y nacional porque aspira a que todo el país participe de él”, decía. Y así lo ratifica en las imágenes del documental Tocar y luchar, de Alberto Arvelo, cuando dice a cámara: “La orquesta es la única comunidad que tiene como objetivo concertarse entre sí. De esta manera, el que hace práctica orquestal comienza a vivir la práctica de la concertación, el estímulo a la práctica del equipo, del grupo que se considera a sí mismo como interdependiente, donde cada uno es responsable por los demás y los demás son responsables por cada uno. La orquesta practica la concertación para generar belleza”.

La solidaridad, la responsabilidad, la disciplina y el goce estético son algunos de los valores que Abreu siempre quiso sembrar en los jóvenes integrantes del Sistema. Así se lo hizo saber a Ruiz Mantilla: “La música es la máxima expresión del hombre para alcanzar el mundo sublime, indescriptible, invisible, por eso no se puede ver, ni palpar. Se vislumbra con los ojos del alma”.

Este es el gran legado que deja el fundador del Sistema: darle a la música la función social que siempre tuvo, sin olvidar que es también un arte capaz de expresar, desde una perspectiva estética, el acontecer del hombre, del tiempo, del espacio en que actúa… Una expresión esencial de la identidad de un pueblo. Y es por ello que Abreu insistía en la calidad de la enseñanza musical.

“En el aspecto social, la inclusión es el principio básico. Nuestro lema son los pobres primero y para los pobres los mejores instrumentos, los mejores maestros, las mejores infraestructuras”, declaraba en El País. “La cultura para los pobres no puede ser una pobre cultura. Debe ser grande, ambiciosa, refinada, avanzada, nada de sobras. Además, ellos multiplican su efecto, porque son enormemente agradecidos ante el esfuerzo. No es práctico incorporar a su vida esa faceta como si fuera un florero”.

José Antonio Abreu cosechó en vida lo que sembró hace más de 40 años. Así se le reconoce fronteras adentro y afuera, tal como lo expresara Ruiz Mantilla: “Es un personaje hoy reconocido en todo el mundo como un hombre por encima del bien y del mal, alabado por genios de la dirección de orquesta e intérpretes –desde Claudio Abbado hasta Simon Rattle, Barenboim o Plácido Domingo–, buscado como referente por instituciones como Naciones Unidas y aclamado con premios que van desde el Príncipe de Asturias de las Artes hasta el prestigioso Echo Klassik de la industria musical alemana”.

El reto ahora es darle continuidad a ese sueño, hoy una realidad palpable, al que el maestro José Antonio Abreu dedicó todos sus esfuerzos, su vida, su último aliento. Como confesó en el libro Venezuela en el cielo de los escenarios (Chefi Borzacchini, 2010): “La misión es un proceso sin fin… hasta que Dios quiera”.

 

Cronología de su vida y obra

1939

Nace en la ciudad de Valera, estado Trujillo, el 7 de mayo.

Sus primeros años los vive en Monte Carmelo, estado Trujillo. Y en Barquisimeto comenzó a estudiar música con Doralisa Jiménez de Medina.

1957

Asiste a la Academia de Declamación Musical de Caracas, donde estudia piano con Moisés Moleiro; órgano y clavecín con Evencio Castellanos, y composición con Vicente Emilio Sojo en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas.

Se gradúa como economista en la Universidad Católica Andrés Bello.

1958

Es electo diputado al Congreso Nacional.

1967

Recibe el Premio Nacional de Música Sinfónica por su habilidad como compositor.

1960

Entre 1960 y 1970 imparte la cátedra de Economía en distintas universidades.

1975

Funda y dirige la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

1989

Entre 1989 y 1995 se desempeña en los cargos de ministro de la Cultura, vicepresidente y director del Consejo Nacional de la Cultura.

1993

El Sistema es galardonado con el Premio Internacional de Música IMC-Unesco, en la clase de Institución.

2008

Recibe el Príncipe de Asturias de las Artes.

2009

El 12 de mayo recibe el Premio de Música Polar, otorgado por la Real Academia Sueca.

 

Redacción: Juan Antonio González

Fuente: El Universal

Gráficas: Agencias

Transcripción A.C.A.: Carlos Romero (C.N.P. 24.081)

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